El mezcal no es un oficio, es su vida, su pasión y su vocación. Es un conocimiento que no se aprende en libros, sino que se hereda y se perfecciona bajo el sol. En muchas de las comunidades, el trabajo en el palenque involucra a familias enteras, donde cada miembro aporta su saber para transformar el corazón del agave en una obra maestra.